Casi tres millones de españoles han recibido un diagnóstico de depresión y muchos más atraviesan temporadas de desánimo. En muchos casos la medicación y la terapia psicológica son imprescindibles, pero existe un tratamiento que es tanto preventivo como terapéutico, y que está indicado tanto en la depresión leve como en la grave: el ejercicio físico.
¿Cómo debe ser el verano de un maratoniano para competir a partir de septiembre?

Julio y agosto tienen mala fama entre los corredores de maratón. El calor aplasta, los cronos se desploman y da la sensación de que todo el trabajo del año se está yendo por el desagüe. Pero la realidad es justo la contraria: el verano bien gestionado es probablemente el período más decisivo del año para quien tiene una carrera marcada en el calendario a partir de septiembre.
Si tu objetivo es un maratón o medio maratón de otoño de “Las 5 Grandes de Zurich” ya sólo quedan San Sebastián y Valencia-, lo que hagas entre ahora y finales de agosto va a determinar si llegas a la línea de salida con garantías o improvisando. La clave no está en sumar kilómetros a cualquier precio. Está en construir una base sólida que luego aguante el peso de la preparación específica.
El verano no es para mantener: es para construir
El error más común del runner popular en verano es intentar sostener el volumen y los ritmos de primavera como si el calor no existiera. El resultado es más que predecible: agotamiento progresivo, pérdida de motivación y, en el peor caso, una lesión justo antes de que empiece la preparación seria.
El verano tiene una función diferente. Es el momento de construir los cimientos sobre los que vas a apoyar las semanas de carga de septiembre y octubre. Eso significa trabajo aeróbico controlado, fuerza muscular y aprendizaje fisiológico.
Un estudio publicado en el Journal of Applied Physiology (Convertino et al., 1980) [1] demostró que entrenar en condiciones de calor durante ocho a catorce días produce adaptaciones fisiológicas significativas: aumento del volumen plasmático -más sangre circulando para distribuir oxígeno-, mejora de la respuesta de sudoración y mayor eficiencia cardiovascular. Dicho en términos prácticos: tu motor de fondo se hace más grande sin que te des cuenta, siempre que respetes el esfuerzo.
Entrena por esfuerzo, no por ritmo
En verano, el GPS miente. O mejor dicho: el ritmo por kilómetro no refleja el esfuerzo real que está haciendo tu cuerpo. A 28 grados, correr a 5:30 min/km puede suponer el mismo estrés cardiovascular que correr a 5:00 en octubre. Si te empeñas en sostener el ritmo de primavera, estás entrenando demasiado duro.
La solución es sencilla aunque cueste asumirla: corre por percepción de esfuerzo o por pulsaciones. Los rodajes fáciles tienen que sentirse fáciles de verdad -puedes mantener una conversación sin jadear-, aunque el crono diga que vas más lento que nunca. La adaptación al calor es real y mensurable, pero solo si respetas la intensidad adecuada en cada sesión.
El volumen, con sentido
No hay que obsesionarse con la cifra de kilómetros semanales en verano. Lo que importa es la consistencia. Cuatro salidas semanales bien ejecutadas, con una tirada larga el fin de semana de entre 75 y 120 minutos a ritmo suave, son más que suficientes para mantener y mejorar la base aeróbica.
Más que añadir una quinta sesión agotadora, el tiempo extra vale más para el bloque de fuerza en “De pies a Cabeza” te explicamos a continuación.
Fuerza: el trabajo que nadie ve en Strava pero que marca la diferencia
Si hay algo que diferencia a los maratonianos que llegan fuertes al kilómetro 35 de los que sobreviven, es la capacidad muscular. Y esa capacidad se construye en el gimnasio, no en la carretera. El verano es el momento perfecto para sentar esa base.
Un metaanálisis publicado en el Journal of Strength and Conditioning Research (Blagrove et al., 2018) [2] analizó 22 estudios y concluyó que el entrenamiento de fuerza en corredores de fondo mejora significativamente la economía de carrera -es decir, la eficiencia con la que usas el oxígeno a cada ritmo- y reduce el riesgo de lesión. No es un complemento opcional. Es parte del entrenamiento.
¿Qué trabajar?
La prioridad en verano para un corredor de maratón popular son cuatro áreas: fuerza de una sola pierna (sentadillas a una pierna, zancadas), glúteos, estabilidad de core y movilidad de cadera.
Dos o tres sesiones semanales de 30 a 40 minutos son suficientes. No hace falta volverse culturista: el objetivo es que tu cuerpo aguante el aumento de carga que viene después sin romperse.
Un bloque de velocidad antes de la preparación específica
Hay una paradoja que pocos runners populares aprovechan: el verano, precisamente porque no es temporada de maratón, es el mejor momento para trabajar la velocidad. Y trabajar la velocidad ahora hace que todos los ritmos posteriores sean más cómodos.
No hablamos de series de 1.000 metros al ritmo de competición bajo cuarenta grados. Hablamos de trabajo neuromuscular corto y de calidad:
- Sprints de 20 segundos al final de un rodaje suave.
- Cuestas de 30 a 60 segundos con recuperación completa.
- Repeticiones de 200 metros a ritmo de milla o más rápido.
- Sesiones cortas, intensas en la pausa, que mejoran la eficiencia de zancada y el reclutamiento muscular.
Una investigación publicada en el Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports (Støren et al., 2008) [3] mostró que un programa de ocho semanas de fuerza máxima mejoró la economía de carrera en corredores de fondo en un 5% y retrasó el tiempo hasta el agotamiento en un 21,3%.
Traducción para al runner popular: llegar al kilómetro 38 sin que las piernas se bloqueen. Eso vale mucho más que cualquier serie de verano a ritmo de maratón.
Hidratación y nutrición: el laboratorio que te prepara para el día de la carrera
El verano no es solo entrenamiento físico. Es el momento de aprender cómo funciona tu cuerpo cuando suda más, cuando el estómago trabaja en condiciones de calor y cuando los depósitos de glucógeno se vacían antes de lo esperado.
Un estudio de Sawka et al. publicado en Medicine & Science in Sports & Exercise (2007) [4] estableció que una deshidratación del 2% del peso corporal ya reduce el rendimiento deportivo de forma significativa. En verano, ese 2% se alcanza mucho más rápido que en octubre. Si aprendes ahora a gestionar tu hidratación -cuándo beber, cuánto, con electrolitos o sin ellos-, llegas a la carrera de septiembre con un protocolo probado, no con uno improvisado.
La práctica concreta: en rodajes de más de 60 minutos, lleva siempre líquido. Prueba distintas estrategias de sales y geles durante las tiradas largas de verano. Lo que te funciona en agosto a 28 grados, te funcionará seguro en la carrera de septiembre. Al contrario, no siempre es cierto.
La cabeza también se entrena en verano
Hay un apartado concreto que los planes de entrenamiento no tienen en cuenta y que el verano ofrece gratis: la gestión mental de las condiciones adversas. Salir a correr cuando el termómetro marca 30 grados, ajustar el ritmo sin que el ego proteste, mantener la constancia cuando el entorno no acompaña. Todo eso construye el tipo de resiliencia que necesitas en el kilómetro 35 de un maratón.
Varios estudios sobre psicología deportiva apuntan a que la tolerancia al estrés y la capacidad de mantenerse sereno bajo condiciones difíciles son factores predictivos del rendimiento en pruebas de larga distancia (Thelwell et al., 2006, Journal of Applied Sport Psychology) [5]. Es una adaptación real. Y el verano es el mejor entrenador de esa habilidad.
La semana tipo del maratoniano en verano
Para que no quede todo en teoría, en “De pies a Cabeza” te presentamos como quedaría una semana de verano bien estructurada para alguien que tiene la próxima Zurich Maratón de San Sebastián o el Maratón Valencia Trinidad Alfonso Zurich en el horizonte:
- Lunes Descanso o movilidad (20 minutos)
- Martes Rodaje suave 45-55 minutos + acelerones al final (6x20 segundos)
- Miércoles Sesión de fuerza 35-40 minutos (core, glúteos, pierna única)
- Jueves Rodaje suave 45 minutos por pulsaciones, sin mirar el ritmo
- Viernes Fuerza + movilidad de cadera, o descanso según sensaciones
- Sábado Tirada larga 80-110 minutos a ritmo suave, practicando hidratación
- Domingo Rodaje regenerativo 30-40 minutos o descanso activo
Flexible, sostenible y suficiente para llegar a septiembre con el motor en marcha y el cuerpo intacto.
El maratoniano que trabaja bien en verano llega mejor en otoño
El maratoniano que llega fuerte a septiembre no es el que más sufrió en julio. Es el que fue más listo. El que entrenó con calor respetando el esfuerzo, hizo fuerza cuando nadie lo miraba, aprendió a hidratarse y llegó a la preparación específica sin lesiones ni agotamiento acumulado.
Como ya te hemos dicho, si tu carrera es en septiembre u octubre, tienes todavía semanas por delante para construir esa base. No las desperdicies intentando demostrar algo en Strava con ritmos que no tocan. Úsalas para ser el runner más consistente, más fuerte y más preparado que puedes ser.
¡Ya lo sabes…el crono de octubre se decide ahora!
Referencias
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Convertino, V. A., Greenleaf, J. E., & Bernauer, E. M. (1980). Role of thermal and exercise factors in the mechanism of hypervolemia. Journal of Applied Physiology, 48(4), 657–664. https://journals.physiology.org/doi/abs/10.1152/jappl.1980.48.4.657
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Blagrove, R. C., Howatson, G., & Hayes, P. R. (2018). Effects of strength training on the physiological determinants of middle- and long-distance running performance: A systematic review. Journal of Strength and Conditioning Research, 32(5), 1465–1483. https://doi.org/10.1519/JSC.0000000000002433
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Støren, Ø., Helgerud, J., Støa, E. M., & Hoff, J. (2008). Maximal strength training improves running economy in distance runners. Medicine & Science in Sports & Exercise, 40(6), 1087–1092. https://doi.org/10.1249/MSS.0b013e318168da2f
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Sawka, M. N., Burke, L. M., Eichner, E. R., Maughan, R. J., Montain, S. J., & Stachenfeld, N. S. (2007). American College of Sports Medicine position stand: Exercise and fluid replacement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 39(2), 377–390. https://doi.org/10.1249/mss.0b013e31802ca597
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Thelwell, R. C., Weston, N. J. V., & Greenlees, I. A. (2006). Examining the use of psychological skills profiles and mental toughness: An aspect of sport psychology consultation. Journal of Applied Sport Psychology, 18(4), 344–359.
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